3 Mitos Sobre La Depresión y El Cristianismo

Una de las epidemias que afecta grandemente a las personas hoy en día, sin discriminar raza, sexo, edad ni nacionalidad es la depresión. A pesar de que vivimos en una de las eras de mayor conexión tecnológica a través de las redes sociales, pareciera que al mismo tiempo nos sentimos más aislados unos de otros. Es la paradoja de la era de la conectividad. A pesar de estar conectados todo el tiempo, experimentamos aislamiento, tristeza y ansiedad.

En Estados Unidos se está ayudando a crear conciencia de las dificultades de vivir con enfermedades mentales a través de la campaña del Mes de la Prevención del Suicidio, que se lleva a cabo precisamente en Septiembre. Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto de la depresión con nosotros como cristianos? ¿No se supone que cuando confías en Jesús como tu Salvador y empiezas a reunirte en una iglesia la depresión desaparece? A continuación, quisiera exponer 3 mitos populares alrededor de la depresión y los cristianos. 

Aviso: este artículo no pretende ser una guía profesional para tratar con problemas de depresión sino más bien un mensaje para ayudar a crear conciencia de la necesidad de estar alerta y ayudar a otros alrededor.

  1. Los Cristianos No Sufren Depresión

Ése es el primer mito. Cuando nosotros confiamos en Cristo como nuestro Salvador, es decir, cuando depositamos nuestra confianza en que no son nuestras buenas acciones las que nos llevan al cielo sino el sacrificio perfecto y completo de Cristo en la cruz, la Biblia enseña que nos convertimos en nuevas criaturas. Nos enseña también que tenemos una nueva identidad en Cristo, un nuevo destino eterno y la posibilidad de tener una relación íntima con Dios. 

Sin embargo, eso no significa que nuestras tentaciones, luchas y pecado desaparecen de nosotros. Tendríamos que esperar a llegar al cielo para que eso suceda. Nosotros seguimos viviendo en esta tierra en un proceso de madurez espiritual que vamos desarrollando al relacionarlos más y más con Cristo y con su Iglesia, pero nuestra naturaleza humana sigue siendo frágil, débil e inclinada al mal.

Menciono todo esto porque una persona que confía en Cristo y que luchaba con pensamientos negativos anteriormente, probablemente seguirá luchando con ellos aún después de conocer a Cristo. Y hay un estigma en el cual no está bien tener depresión como creyente porque no es parte de los frutos del Espíritu, porque Jesús no se deprimía, porque lo viejo ha pasado ya. Sin embargo, todos somos frágiles y necesitamos ayuda. Es por eso que este sufrimiento tiende a sobrellevarse de manera aislada, por un temor al qué dirán, a ser juzgados y señalados. 

S tú o alguien que conoces está batallando con la depresión, te quiero decir, hay esperanza. Tú no lo pediste y estoy seguro que si pudieras cambiarlo, lo harías. No estás solo en tu sufrimiento. Tienes a Jesús a quien puedes recurrir y a personas a tu alrededor que te aman.

  1. Los Líderes Cristianos Están Exentos de Sufrir Depresión

Si el punto número 1 que tocamos es cierto con respecto a que un cristiano no está exento de sufrir depresión, también es una realidad que un líder cristiano y espiritual tampoco lo está. Entiendo perfectamente que es difícil pensar en nuestros pastores como personas que batallen con este mal. Después de todo, ellos son los que se supone que deben ayudar a otros, los que deben aconsejar y guiar espiritualmente. Si la expectativa de que un cristiano no lidie con la depresión es alta, es todavía mucho más alta la expectativa hacia un líder. Y eso puede ser un problema.

La razón por la que esto es un problema es porque probablemente sea mucho más difícil para un líder reconocer que tiene un problema y que necesita ayuda. Además, como pastor, ¿a quién recurres cuando estás enfrentando pensamientos que te hacen sentir basura? ¿A quién recurres cuando lidias con pensamientos de quitarte la vida? La comunidad en general debe saber que un pastor tiene las mismas luchas que cualquier otro ser humano y encima carga con las luchas y problemas de muchas personas también. 

Como pastor que enfrentas esta situación, debes recordar que es importante que abras esta área. Que no te quedes callado. Que existen otros pastores que pueden ayudarte. Que existen profesionales que pueden acompañarte en el proceso hacia la salud mental. 

  1. Está Mal Buscar Ayuda Externa.

Partamos de lo siguiente: La Palabra siempre será nuestra brújula y guía para nuestro caminar diario. Para salir de problemas, para romper hábitos dañinos y para incorporar verdades eternas en nuestro sistema operativo. Siempre será el recurso más valioso para ayudarnos a vivir libremente. Dios también ha establecido la Iglesia como un oasis espiritual, como un cuerpo y una familia que se apoya mutuamente y se ayuda a sanar las heridas. Pero, en materia de salud mental, hay mucho que la Iglesia tiene que aprender para ayudar a sus ovejas heridas. 

La Iglesia puede apoyarse de profesionales capaces de ayudar a personas con depresión. En los últimos años, personalmente he visto la bendición de la sinergia entre pastores, psicólogos cristianos, terapeutas y doctores con principios bíblicos que juntos trabajan para ayudar a una persona a restablecer la paz mental. ¡Es maravilloso! No se trata de ir con cualquier persona ni mucho menos con personas que van en contra de los principios de Dios, sino más bien con personas temerosas de Él y altamente competentes profesionalmente.

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