Como padres, especialmente de hijos mayores, es casi inevitable experimentar sinsabores con nuestros hijos. A veces, sus propias decisiones nos parten el corazón y nos duele verlos sufrir como consecuencia de las mismas. Este artículo ha sido escrito para identificar: ¿qué hacer cuando un hijo te rompe el corazón?
En primer lugar, me gustaría definir para quién es este artículo. Si bien cualquiera de nosotros que es padre de familia podrá sacar lecciones valiosas del mismo, el mayor valor lo podrán encontrar padres de hijos que toman decisiones por sí mismos.
Estos son los chicos que hoy están descubriendo su propia independencia. Son los hijos a los que ya no podemos controlar tan fácilmente como a aquellos chiquillos a quienes pedíamos que recogieran los juguetes regados en el piso. Se trata de los hijos que han adquirido un grado importante de autonomía y que, a veces, hacen mal uso de su libertad.
Por ejemplo, podríamos estar hablando de los jóvenes que deciden dejar la escuela. O de los que empiezan a llevarse con amistades que sabemos los están mal influenciando. O quizás sea la chica que se ha enamorado de la persona incorrecta. Sabemos que están pasándola mal, pero está metida en un círculo vicioso emocional que la mantiene atada en su mente.
Sea cual sea la configuaración actual de la relación con tus hijos, quiero decirte que no estás solo y que hay esperanza para ti como papá o mamá; que Dios está interesado en ayudarte y que hay esperanza para tu familia. Si deseas complementar este artículo con otros relacionados con resolver problemas en la familia, te recomiendo leer: ¿Cómo Restaurar Una Relación Dañada en la Familia?
El Manual Para Padres
No me considero un experto en el tema de tratar con hijos rebeldes. Mi esposa y yo tenemos dos hijos adolescentes y, aunque los retos con ellos son cada vez más complejos, todavía estamos en una etapa donde nuestra autoridad como padres es relativamente fácilmente establecida. Pero sabemos que vendrán retos y complejidades.
Sin embargo, en mi rol como uno de los pastores de la Iglesia Gran Comisión de Monterrey, hemos tenido algunas experiencias significativas de las cuales hemos aprendido bastante en cómo ayudar a otros que sí están pasando por retos mayúsculos: tanto a hijos como padres.
El recordar también lo complicadas que fueron mis interacciones con mis propios padres en mis años de rebeldía ha arrojado luz sobre qué cosas pudieron haberse manejado mejor.
Pero quizás la autoridad más importante que tenemos para hablar acerca de este tema es la que viene de la Palabra misma. La Biblia es el manual número 1 para padres de familia. Y en este manual divino, encontramos algunas enseñanzas fundamentales para responder: ¿Qué hacer cuando un hijo te rompe el corazón?
El Hijo Pródigo… y su papá.
Una de las historias más conocidas a nivel global, sea en el mundo cristiano como en el mundo no-religioso, es la historia del hijo pródigo. Este hijo, que tenía la edad para tomar sus propias decisiones pero que aún vivía con sus padres, le pidió a su padre su parte de la herencia. Eso fue algo grosero, de mal gusto e irrespetuoso. Desde todos los ángulos lucía como una mala decisión.
La historia que leemos en Lucas 15:11-31, muestra cómo el padre, aunque no estuvo de acuerdo con lo que su hijo quería hacer, accede a su petición. Desde ese momento, el hijo pródigo se enfoca en sí mismo, deja la casa de su padre y empieza a vivir la vida loca. Su vida se convierte en una desenfrenada cadena de malas decisiones que lo llevan a perderlo todo y a quedar en la calle.
De hecho, la situación se complicó tanto eventualmente que terminó deseando comer las algarrobas con las que alimentaban a los cerdos. Eventualmente, recapacitó, se arrepintió y regresó a casa de su padre. Todos sabemos cómo termina la historia: el padre lo recibe de nuevo, no como un esclavo ni como un empleado, sino como su hijo que ha vuelto a la vida.
Ahora bien, cuando leemos la historia del hijo pródigo, es fácil identificarnos con el papel del hijo, pues muchas veces en nuestra vida, le damos la espalda a Dios, huimos en Él, y, sin embargo, sabemos que podemos regresar al Padre amoroso que nos perdona y nos da nuevas oportunidades.
Pero, en realidad, el papel central aquí en esta historia no es tanto el del hijo pródigo sino el de su papá, quien representa al Padre Celestial y su perfecta actitud compasiva hacia nosotros.
Así que, si Jesús nos dejó la historia de un papá cuyo corazón fue despedazado y nos muestra cómo lidiar con esa situación tan difícil, entonces valdría la pena ver detenidamente lo que este padre hizo y lo que no hizo también, para ayudarnos en nuestro propio rol como padres.
¿Qué fue lo que el Padre NO hizo?
Empecemos analizando y leyendo entre líneas para descubrir primero lo que el Padre no hizo. Porque para poder saber ¿qué hacer cuando un hijo te rompe el corazón?, primero debemos identificar lo que NO pasó:
1. NO trató de retenerlo a la fuerza.
Lucas 12:15 dice: El hijo menor le dijo al padre: “Quiero la parte de mi herencia ahora, antes de que mueras”. Entonces el padre accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos. (NTV)
Ante la actitud empecinada, grosera, irrespetuosa y deshonrosa de su hijo, no lo retuvo. Pudo haberle negado la herencia. Pudo haberle negado la petición. No ejerció más control del que debía. No lo condicionó; no lo privó de su libertad para decidir. No lo manipuló ni le dio largas al asunto cuando reconoció que su hijo estaba decidido.
Muchas veces como padres, debemos aprender a soltar el control de nuestros hijos. No me malentiendas. No estoy diciendo que hay que dejarlos hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran. Ciertamente hay etapas en la crianza de los hijos en las que nuestra autoridad simplemente deberá ser respetada.
El pastor Andy Stanley habla de 4 etapas en la crianza de los hijos:
- Los años de la disciplina (0-5 años) en los que los niños deben aprender a obedecer, seguir instrucciones. No significa No.
- Los años de entrenamiento (5-12 años) en los que los niños desarrollan hábitos que los forman.
- Los años del coaching (12-18 años) en los que nuestro rol es dejarlos entrar en el terreno de juego y estar a un lado como un coach, asesorándolos y ayudándoles a mejorar.
- Los años de amistad (+18 años en adelante) en los cuales buscamos que ellos quieran estar con nosotros aunque ya no tengan que hacerlo.
El problema para muchos de nosotros es que invertimos los tiempos en la ecuación: cuando están pequeños los dejamos hacer básicamente lo que ellos quieran, los consentimos. Y cuando están grandes, carentes de estructura y disciplina, queremos empezar a corregirlos y a cambiarlos.
Hay momentos, en los que debemos dejar a nuestros hijos experimentar las consecuencias de sus propias decisiones. Aunque nos duela. La vida misma es una de las mejores maestras de las que aprenderán nuestros hijos. Eso fue lo que el padre del hijo pródigo hizo.
2. NO lo manipuló.
En ningún momento hay indicios de que el papá tratara de controlar esta decisión de su hijo. Tampoco hay indicios de condicionamiento para tratar de forzar una decisión en él. Nunca hubo un “te doy la herencia si me firmas un documento con cláusulas especiales de cómo podrás usar el dinero…“. No hubo nada de eso.
El Dr. Tim Elmore dice que nosotros debemos preparar al niño para el camino y no el camino para el niño. Son dos aproximaciones completamente diferentes. De hecho, él habla de los papás helicóptero, de aquellos papás que siempre andan volando alrededor de sus hijos, tratando de controlar todo las circunstancias a su alrededor.
Aunque sea doloroso, como padres debemos aprender a dejar que nuestros hijos se peguen golpes fuertes que la vida se encargará de darles. Si el padre no hubiera hecho esto, quizás el hijo pródigo no se habría dado cuenta cuánto extrañaba a su padre. O el proceso de arrepentimiento y maduración hubiera tardado más.
3. NO le recriminó.
Cuando el hijo pródigo se lo acabó todo, padeció hambre y sufrió las consecuencias inevitables de vivir bajo su propio entendimiento. Posteriormente recapacitó, se humilló y regresó al padre… ¿qué fue lo que él NO le dijo? No le dijo: “Te lo dije...”, ni tampoco “Si me hubieras escuchado…“.
Alguien dio una definición de misericordia una vez, que me gustó mucho y se ha quedado conmigo: misericordia es NO recibir lo que uno se merece. ¿Qué se merecía el hijo pródigo? Se merecía un castigo, rechazo, ser tratado como esclavo… Sin embargo, el padre NO le dio nada de eso.
Como padres debemos recordar que nuestros hijos necesitan misericordia. Debemos recordar, que nosotros como padres y como hijos hicimos muchas cosas que merecían el látigo, pero Dios nos extendió los brazos. Cada chico merece una segunda oportunidad,así como Dios nos brinda segundas oportunidades a nosotros mismos.
Hasta ahora, nos hemos concentrado en las cosas que NO hizo el padre. Sin embargo, él fue muy proactivo en tomar ciertas acciones. Esas son las que exploraremos en nuestro siguiente artículo: la segunda parte de ¿Qué hacer cuando un hijo te rompe el corazón?




7 comentarios en “¿Qué Hacer Cuando Un Hijo Te Rompe El Corazón?”
Buen día, es muy valeroso la reflexión abordada para este tema, tan habitual, tristemente en éstos tiempos, donde el común denominador de las diversas situaciones presentadas, es esa carencia de la base de Estructura Disciplinaria y de valores, no fundamentado en la sociedad, sino enfocando las directrices como padres e hijos hacia la Buena, perfecta y agradable voluntad de Dios, que está a nuestra mano en su Palabra: La Biblia. Agradezco la claridad con que se está abordando el tema y las directrices específicas que nos ofrecen una visualización para el ejercicio y en mi caso que no soy madre para la dirección en la oración para la intervención de Dios en la vida de tantas familias que están sumidas en circunstancias como estas. Bendiciones!!!
Muchas gracias por tu comentario, Paola. De eso se trata: de poder ayudar y animar a los padres que están atravesando retos grandes en esta área. Por favor, ¡compartan con otros que lo puedan necesitar!
esta clase de enseñanza u orientación es la que hace falta para los padres de hoy día ,ya que la mayoría evade su responsabilidad y lo único que hacen es pasar el celular al hijo para sacarlo de encima.
Muy cierto Juan, necesitamos invertir tiempo en ellos, escucharlos, conocerlos, dejarlos hablar. Todo este tiempo pagará sus dividendos en el futuro.
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Gracias por su apoyo con este tema me es de mucha ayuda y bendición
Hola Concepción, muchas gracias por ser parte de la comunidad del blog. Nos alegra mucho que sea de bendición para tu vida. Oramos por la vida de todos nuestros lectores. ¡Saludos cordiales!