El corazón misericordioso de Dios

Jonás 4:10-11 NVI
El Señor dijo: —Tú te compadeces de una planta que, sin ningún esfuerzo de tu parte, creció en una noche y en la otra pereció. Y de Nínive, una gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda y tanto ganado, ¿no habría yo de compadecerme?

El libro de Jonás termina de una manera extraña. Vemos al profeta rebelde, instalándose a una distancia de Nínive esperando ver el cumplimiento de lo que él había profetizado en contra de la ciudad: su destrucción total.  Sin embargo, lo que él esperaba no sucede, sino que sabe que Dios muestra compasión a su pueblo enemigo y Jonás se molesta mucho por esto.

Este capítulo trata del contraste entre la actitud de Jonás y la de Dios. ¿Recuerdas quién dijimos que era el personaje principal del libro de Jonás? Ya vimos que se trata de Dios y no del profeta. Dios sale a la luz como un Dios compasivo, lleno de misericordia y segundas oportunidades. Esa vez, el recipiente de las segundas oportunidades no fue Jonás sino el pueblo de Nínive.

Así de grande es su misericordia. Él no le dio a Nínive lo que merecían y lo que Jonás esperaba. Su sentido nacionalista y su perspectiva llena de prejuicio quería ver sangre correr. Pero Dios extiende el perdón de manera extravagante. 

Aquí hay una lección maravillosa que extraer para nosotros como hijos de Dios. Tengamos cuidado de las actitudes tipo Jonás, o de las actitudes como la del hermano mayor del hijo pródigo. Son actitudes dañinas que evidencian molestia cuando otros que nos han lastimado reciben gracia. 

“No se lo merecen”, pensamos. Lo que se nos olvida es que nosotros mismos, en su momento, recibimos esa gracia inmerecida. En pocas palabras, nos gusta recibir la gracia para nosotros, pero no siempre somos tan prontos para extenderla a otros que también la necesitan. 

Al final del libro, Dios termina haciéndole una pregunta retórica a Jonás y es la misma pregunta que nos hace a nosotros al enfrentar personas que nos han herido, lastimado o agraviado: ¿no habría yo de compadecerme?

Aplicación

Te invito a que la próxima vez que te topes con una persona, o un grupo de personas, que te ha lastimado, seas rápido en adoptar la actitud de ofrecerles perdón y misericordia. Al hacerlo, estarás imitando la actitud de Dios.

Oración

Padre, gracias por ser un Dios compasivo y misericordioso. Ayúdame a ver a los demás a mi alrededor con los mismos ojos de gracia con que Tú los ves, Enséñame a extenderles segundas, terceras y enésimas oportunidades a medida que Tú moldeas su forma de pensar y su carácter.

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