Dios Y El Dinero
¿Cuántos de nosotros hemos pensado en algún momento lo siguiente? “Si tan solo tuviera más dinero, entonces no tendría que preocuparme de ____” Llena el espacio en blanco con tu actual preocupación. “Si tan solo, tuviera ese ascenso, esa promoción o alcanzara esa meta financiera, _____ estaría mejor”. Llena el espacio con el área en la que necesites un milagro.
Es cierto, a veces pensamos que el dinero lo solucionaría todo. Pero, en realidad no es así. Si así fuera, algunos artistas famosos no se suicidarían. Lo cierto es que el dinero es un fantástico siervo pero un terrible amo. Si lo ponemos como un ídolo (algo que toma el lugar de Dios) entonces nos pagará mal.
Por eso me gusta el versículo de hoy: no debemos desgastarnos tratando de hacernos ricos. Jesús dijo que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee sino en hacer la voluntad de Dios. Hay cosas que el dinero no puede comprar, hay un hueco en nuestras vidas que solamente Dios puede llenar. Por eso debemos ser sabios en vivir para hacer la voluntad de Dios por encima de el deseo de enriquecernos.
Cualquiera pudiera pensar que ese es un proverbios para personas ricas y avariciosas, que siempre quieren más y que no saben cuando detenerse. ¿Recuerdas el personaje de Ricky Ricón? ¿O Scrooge? Siempre parecían querer más. Sin embargo, ese pasaje aplica igualmente para personas con escasos recursos que piensan que con más van a solucionar todo.
Seamos pobres o ricos o estemos en medio, hay una tentación grande de vivir y poner en primer lugar aquello que nos genere dinero: nuestro negocio, nuestro trabajo, ese talento que Dios nos ha dado. Cuidado con esto. No hay nada malo en producir y producir bastante. El dinero en sí es amoral. Pero la Biblia sí nos advierte con respecto al amor al dinero. Cuando lo amamos más que a Dios, allí hay un problema.
Jesús dijo que nadie puede amar a dos señores: porque amará a uno y menospreciará al otro. Nadie puede vivir para Dios y para las riquezas al mismo tiempo. Que Dios nos dé la sabiduría para saber cuándo detenernos; cuándo cambiar el rumbo de nuestro corazón y cuándo reorientarlo hacia lo eterno y hacia Dios.
Aplicación
- ¿Consideras que has estado desgastándote por obtener más dinero?
- Sé sabio y humilde y dile a Dios que hoy quieres recalibrar tu corazón en esta área.
Oración
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