Perdona La Ofensa

Colosenses 3:13 TLA
Sean tolerantes los unos con los otros, y si alguien tiene alguna queja contra otro, perdónense, así como el Señor los ha perdonado a ustedes.

Algo que sé de ti y de mi es que somos seres relacionales. No fuimos creados ni estamos diseñados para vivir en aislamiento. Aun las personas que son bastante privadas, reservadas y que necesitan su espacio son personas que anhelan la comunidad.

El detalle, es que dentro de esa comunidad, llámese la iglesia, la familia, el trabajo, la escuela, el vecindario o el nombre que le quieras poner, hay personas imperfectas que tarde o temprano te van a defraudar y te van a herir.

No me refiero tanto al conductor que irrespetuosamente se mete enfrente de tu auto, sin pedir permiso haciendo gala de su poca educación vial. Pero, en realidad, me refiero más a las personas cercanas que te lastiman, que te hieren, que defraudan la entrega que tú has ofrecido.

Son aquellas en quienes tus expectativas estaban puestas: quizás tu novio que te mintió. Tus hijos que no quieren saber nada de ti. O tal vez tus padres que te asfixian con un control y crítica excesiva. No importa en realidad, quien sea, pero entre más cercana la relación, más dolorosa la herida.

Jesús, a través de Pablo, parece no darnos mucha opción en cuanto a lo que debemos hacer. Él nos llama a perdonar a aquellos que nos ofenden. Pienso que Pablo, en este versículo, hizo referencia a la oración del Padre Nuestro que Jesús puso como modelo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12).

Pero, en la práctica, ¿cómo podemos perdonar a los demás ante aquellas cosas que nos han herido tanto? Pues Jesús mismo dio la respuesta: recordando que Dios nos ha perdonado a nosotros mismos todas nuestras deudas en Jesús. Un par de cosas importantes a recordar:

No eres necesariamente “mejor” o “moralmente superior” a aquellos que te han ofendido. Tú (y yo) mismo has ofendido y lastimado a otros.
El poder y la fuerza para perdonar a otros no puede venir de mí mismo. Viene de Dios quien nos extendió un perdón incondicional primero. Para poder perdonar a otros, primero debo aceptar el perdón completo de pecados que Jesús me ofrece en la cruz.

Aplicación

  • ¿Quién es alguien que “te debe” a ti y que te ha ofendido?
  • Ora por esa persona y decide liberarla de ese castigo que hasta ahora habías decidido infligirle. Deja que Dios, en su justicia perfecta, se encargue de ese asunto.

Oración

Padre, gracias por perdonar mis pecados en la cruz. Gracias que enviaste a tu Hijo para liberarme de mi culpa. Dame la gracia y el poder para perdonar a aquellos que están “en deuda” conmigo y me han ofendido. Ayúdame a liberarlos de la prisión imaginaria en la cual los mantengo, ya que tú ya los liberaste a través de Cristo. Amén.

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